Publicado: 29 de Septiembre de 2015


La reducción será de poco más de 110.000 viviendas entre 2015 y 2016, con lo que, a partir de 2017 seguirán quedando más de 1,4 millones de viviendas en stock


Cada año se repite la misma historia. Durante todas las semanas son decenas de informes reiterativos los que, de manera interesada y machacona, se presentan sobre la evolución de precios, oferta, demanda o el alcance del stock. Informes que, en la mayoría de los casos, sirven para bien poco y, lejos de aproximarnos a la realidad de la situación, lo único que consiguen es aplicar una fuerte dosis de distorsión.

Por eso, cada año hay que esperar al sesudo para contar con una prolija relación de datos, a través de los que uno sí se puede hacer una idea de en qué situación estamos.

A muchos - la mayoría de los que se aventuran a publicar una semana sí y otra también informes irrelevantes, el documento de esta consultora les deja en evidencia y, por tanto, su acogida suele resultar muy fría, aunque luego lo tengan como el principal referente de consulta.

En esta ocasión, las grandes cifras puestas sobre la mesa pasan por los 1,6 millones de viviendas pendientes de vender. De las que unas 670.000 se encuentran en torno a las áreas metropolitanas, otras 330.000 en áreas del litoral y las restantes 657.000 dispersas por otras zonas. A partir de aquí, el cálculo que se hace es que la reducción será de poco más de 110.000 viviendas entre 2015 y 2016, con lo que, a partir de 2017 seguirán quedando más de 1,4 millones de viviendas en stock.

Tarde o temprano, la mitad acabarán vendiéndose. El problema surge con la otra mitad. Esas 657.000 cuyas dificultades para ser colocadas serán máximas y, en algunos casos, resultará imposible.

Por lo que a los precios se refiere, en muchas zonas seguirán descendiendo como consecuencia del desajuste de oferta con demanda, y así continuarán hasta alcanzar el nuevo equilibrio. Por otra parte, en otras áreas, en las que hay demanda -las menos, matizan-, el nuevo equilibrio ya se ha alcanzado y se comienzan a registrar subidas de precios e incluso la construcción de nuevas promociones.

La caída acumulada de los precios desde comienzo de la crisis es del 32%. Las estadísticas oficiales reflejan menores caídas e incluso subidas de precios, según la fuente. En la vivienda nueva hubo una severa contracción del precio entre 2010 y 2013. El precio es ajustado y no deja margen para el promotor, no habría bajadas adicionales, y ello hace que se de una temprana subida, por delante de la vivienda usada.

Las ventas netas de vivienda usada han aumentado un 44% en el último año, lo que amortigua la bajada de precios en un mercado dominado todavía por el elevado stock de viviendas. Es un momento de ajuste con un comportamiento desigual en las distintas provincias, localidades y submercados. El stock y la demanda seguirán fijando los precios de este mercado dominado por la oferta.

En cuanto a la situación de la empresa promotora sigue siendo muy precaria, con el 51% del crédito comprometido en sociedades técnicamente quebradas o han que perdido el 50% de su capital, lo que determina que el volumen de adjudicados crecerá todavía algo más.